28Agosto2014

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Introducción

Contrariamente a lo que de manera común se cree en el exterior, Bolivia es un país con una gran diversidad de ecosistemas, pues normalmente se considera al país como predominantemente andino o altiplánico, sin embargo posee una gran extensión de territorio amazónico, de valles interandinos y una región perteneciente al ecosistema chaqueño que es compartida con Argentina, Paraguay y, según algunos estudios, también con el Brasil, en la región de los pantanales.

Efectivamente, de los 1.100.000 km2 que conforman el Gran Chaco Americano, Bolivia posee alrededor del 15 % de superficie chaqueña. A diferencia del resto de países con territorio chaqueño, el de Bolivia a su vez se divide en tres unidades fisiográficas cada una de ellas con características específicas en función al clima, demografía y dinámicas socio-económicas.

Así, el subandino o Chaco serrano está conformado por serranías y valles, con una altura que va desde los 800 hasta los 2.000 msnm. En tanto que el pie de monte es una zona de transición de las últimas estribaciones del subandino hacia la llanura chaqueña. Finalmente, la llanura chaqueña que se extiende desde el pie de monte hacia la Argentina y el Paraguay.

Del mismo modo la región chaqueña en Bolivia, en lo político y administrativo, se encuentra dividida en tres Departamentos: Chuquisaca, Tarija y Santa Cruz y, al interior de ellos en 16 municipios mayoritariamente rurales. Las ciudades intermedias más importantes de la región son Yacuiba, Camiri, Villamontes y Monteagudo. Entre las que destaca Yacuiba por los altos índices de crecimiento demográfico que ha experimentado en las últimas décadas especialmente debido a la dinámica económica generada por su condición de frontera con la Argentina.

Una característica distintiva del Chaco es la gran diversidad natural y étnica que posee. En efecto la región está considerada como una de las más ricas en biodiversidad del país y de esta parte del continente. Con ríos que pertenecen a la cuenca del Plata y del Amazonas entre los que se destacan el río Grande que nace en los Andes, el Parapetí que drena sus aguas en los bañados del Izozog y el Pilcomayo que naciendo en la altiplanicie boliviana en territorio chaqueño es compartido con Argentina y Paraguay.

Pero la riqueza natural chaqueña está permanentemente amenazada por actividades económicas extractivistas, especialmente de corte empresarial, que están ocasionando importantes impactos ambientales y sociales en una región que comienza experimentar procesos de desertificación acelerados, la destrucción de su flora y fauna y la contaminación de sus ríos. Producto de ello, gracias a la iniciativa de organizaciones no gubernamentales grandes extensiones de territorio chaqueño han sido declaradas áreas de protección, es el caso del Parque Nacional y area Natural de Manejo Integrado Kaa-Iya, la reserva Privada de Patrimonio Natural El Corbalán, el Parque Nacional Aguaragüe y la Reserva del Quebracho Colorado.

En este ecosistema habitan pueblos indígenas como los guaraníes, weehenayek, tapiete, ayoreo y chiquitanos. Cada uno de ellos con elementos culturales y sociales propios, mayormente determinados por la zona que habitan, así por ejemplo los indígenas weehenayek que se encuentran en la llanura chaqueña en las márgenes del río Pilcomayo, tiene como principal actividad la caza, la recolección de frutos silvestres y la pesca, especialmente del sábalo.

Es importante destacar que los pueblos indígenas del Chaco boliviano, frente a los graves problemas sociales, económicos y ambientales que tienen que enfrentar, han desarrollado la iniciativa de articularse en la Comisión de Pueblos y Comunidades Indígenas del Chaco Boliviano (CPI-Chaco). Experiencia de articulación interétnica que actualmente se ha extendido hacia Argentina y Paraguay. De esa manera, con el bagaje de la memoria de lo que fue, pero muy concientes de los desafíos que traen aparejados los tiempos que vivimos, las comunidades indígenas chaqueñas de Argentina, Bolivia y Paraguay, a partir de sus propios procesos nacionales, se lanzaron a la construcción de un espacio de articulación trinacional, en el entendido de que muchos de los problemas que hoy enfrentan rebasan las fronteras nacionales y requieren de un accionar conjunto.

Esta iniciativa de organización indígena transfronteriza sin duda recoge otras experiencias similares que se dieron en diversas latitudes del continente, especialmente en la amazonia, sin embargo, como no podía ser de otro modo, ha sido concebida a partir de un nuevo y desafiante contexto, donde el fenómeno de la globalización está produciendo grandes impactos sobre la vida e identidad de las poblaciones nativas.

En efecto, en los últimos años la región chaqueña está viviendo grandes cambios, especialmente la que corresponde al departamento de Tarija, debido fundamentalmente al auge que progresivamente está cobrando la actividad hidrocarburífera, pues más del 80 % de las reservas gacíferas del país, las segundas en importancia del continente después de Venezuela, se encuentran precisamente en este ecosistema. Sin embargo, si bien es la actividad hidrocarburífera la de mayor relevancia económica, es la agropecuaria la que mayor cantidad de empleo genera.

El impacto que están causando las actividades de exploración, explotación y transporte de los hidrocarburos en los territorios indígenas es de grandes dimensiones. La apertura de brechas, continuas explosiones, transito permanente de equipo pesado, despido de desechos tóxicos, etc están afectando el hábitat de diversas especies animales que tradicionalmente servían de sustento para las comunidades indígenas. Del mismo modo el vertido de residuos tóxicos en cursos de agua está profundizando la contaminación del río Pilcomayo, principal fuente de agua y de recursos piscícolas para las poblaciones ribereñas. Las comunidades indígenas, particularmente el pueblo weenhayek, debido a que no practican la agricultura poseen como principal estrategia económica la comercialización de peces del Pilcomayo, los que también constituyen su principal fuente alimenticia. Asimismo la apertura de brechas para el transito de vehículos y la construcción de ductos ocasionan el talado de superficies considerables de bosque nativo, especialmente de especies que sirven para el alimento y la elaboración de enceres y artesanías de las comunidades, labor de la que mayormente se ocupan las mujeres indígenas.

En resumen, la región del Gran Chaco boliviano es actualmente considerada como una de las macroregiones más dinámicas del país y progresivamente está siendo conceptualizada como uno de los grandes potenciales que posee Bolivia para una inserción en términos aceptables con las nuevas propuestas de integración subregional que se están suscitando en esta parte del continente. Fruto de ello el primer intento desde el gobierno nacional de lograr una planificación a partir de regiones que comparten un mismo ecosistema fue el Plan Macroregional de Desarrollo Económico y Social del Chaco Boliviano, formulado por el Viceministerio de Planificación y Ordenamiento Territorial del Ministerio de Desarrollo Sostenible y Planificación en coordinación con las Prefecturas de los departamentos de Chuquisaca, Tarija y Santa Cruz, en el marco de las competencias asignadas por la Ley de Descentralización Administrativa y el Sistema Nacional de Planificación (SISPLAN).

Plan Macroregional del Chaco en virtud al cual por primera vez el gobierno de Bolivia reconoce a la región chaqueña como una unidad de planificación y, lo que es igualmente importante, la formulación del Plan ha permitido visualizar a los diversos actores chaqueños que, a pesar de la fragmentación administrativa, es posible pensar en el Chaco como una región susceptible de ser integrada en los planes y políticas estatales y por ende planificar su desarrollo de una manera integrada y sostenible.